A-Rod, un mentiroso que no extrañaremos

Por Alfredo Villasmil Franceschi

Pasó lo que tenía que pasar, le llegó el tiempo a Alex Rodríguez. El que fuera hasta hace poco considerado el mejor pelotero del béisbol, aquel que firmó un contrato con Texas en donde se especificaba que nadie podía ganar más dinero que él, el JMV múltiples veces, el encantador de serpientes, no jugará más a la pelota. El próximo viernes será su último partido con el uniforme de los Yanquis.

“Espero que los jóvenes aprenda de mí”, dijo este domingo 7 de agosto en frente de los periodistas. “Y no cometan los errores que yo cometí”. Palabras huecas, vacías, en donde no hay verdad alguna. Porque hay algo cierto, palpable, evidente: los números que colocó y que es un mentiroso.

Nadie le quita sus 696 jonrones de por vida ni sus 2084 remolcadas, mucho menos sus tres premios de JMV (2003, 2005 y 2007), el anillo de Serie Mundial de 2009, como tampoco sus 14 Juegos Estrellas, sus dos Guantes de Oro y sus 10 Bates de Plata.

Alex Rodríguez cometió el pecado de ocultar su adicción a los esteroides, más que a los esteroides, a la fama, a buscar el fin sin importarle los medios. Hay quienes dicen que sin condiciones no hay esteroides que valgan, otros blanden las banderas de la culpa general al agüir que todo el mundo lo hacía, ergo eso no era ilícito. Tales premisas pueden parecer ciertas, hasta lógicas, pero son medias verdades. Alex Rodríguez mintió de manera descarada, sabiendo que mentía y sólo confesó cuando se vio descubierto. Los esteroides ayudan a duplicar y hasta triplicar condiciones. Eso nadie lo discute. Ejemplos hay de sobra: Ben Johnson, Marion Jones, Lance Armstrong, por solo nombrar lo más importantes.

El problema yace en saber si todas sus aptitudes, virtudes y demás habilidades fueron naturales, producto del trabajo físico o más bien recurrió a la farmacia para labrarse un nombre en el mundo del beisbol. Estudios han demostrado que un prospecto puede “fabricarse” con sustancias anabolizantes. El problema de la mentira reside en su carácter retroactivo.¿Cómo sabemos que A-Rod no usaba esteroides desde que comenzó a jugar beisbol? En aquella época, 1993, cuando él fue la primera exigencia del draft, no había control anti dopaje. Al año siguiente, el 8 de julio, ya estaba en las mayores.La primera campanada fue en 1996, cuando ganó el título de bateo (.358), además de liderar la Liga Americana en anotadas (141) y dobletes (54). Estos eran números “normales”, dignos de un fenómeno. Pero poco a poco, fue “inflando” los números de una manera vertiginosa. Fue cuando, según confesiones propias, comenzó a utilizar esteroides.

“Fui un ingenuo, un engreído”, le dijo a Peter Gamons. “Quería hacer más de lo que podía y pensé que podía hacer de todo”. En aquella famosa entrevista no pidió perdón ni nada por el estilo. Nunca dijo “me arrepiento de lo que hice”. Pero lo mejor (o peor) estaba por venir: A-Rod acudió nuevamente a la farmacopea en el 2012 y 2013, asuzó a otros a usar el doping y se le comprobó que engañó nuevamente al beisbol. Se dio el tupé de jugar usando esteroides. Acudió a un laboratorio en la Florida para inyectarse, traficó con estas sustancias y por eso, luego de tanta evidencia, lo suspendieron por un año. Cuando regresó, en 2015, a los 39 años, soltó 33 jonrones, impulsó 86 carreras y bateó para .244. Tales guarismos confirmaron lo que todos sabíamos, sin esteroides un pelotero entrado en “años” tendrá números normales. Ya en 2016 el peso de los años le cayó encima, lo sacó de la titularidad y ahora le toca irse.

A-Rod dejará números tan impresionantes como las dudas que tejió con sus acciones irresponsables. A pesar de lo realizado pasará a la historia como una de las más grandes ignominias que han pasado por el juego que tanto amamos, como el pelotero que pudo haber sido el más sublime de todos los tiempos, pero su inmadurez lo convirtió en una de las vergüenzas de la pelota contemporánea. Los hechos hablan por sí mismos.

Adiós, A-Rod. No te.extrañaremos.

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